lunes, 25 de noviembre de 2013

Análisis: Brazil (película)

La película Brazil nos muestra una sociedad distópica ubicada temporalmente en algún lugar del siglo XX. Como tal, muchas de las cosas que se ven en el film son oníricas, crípticas, y, en general, abiertas a un amplio abanico de interpretaciones posibles. Sin embargo, hay algunos elementos de los que se pueden extraer conclusiones bastante claras, sobre todo referidos a la información, documentación y su uso.

Lo primero y principal que podemos sacar en claro es que la información es poder. El Sistema controla absolutamente toda la actividad de la sociedad y la encorseta con multitud de trámites burocráticos y formalidades, y todo esto es gracias a que disponen de toda la información referente a los ciudadanos y sus vidas y  la utilizan para ejercer un fuerte poder sobre ellos. Como en la propia película dicen, en Obtención de Información están los peces gordos. Sin embargo, y como es obvio, esta información no es accesible de forma pública.

Sin embargo, sí que mantienen un escrupuloso control sobre la preservación de la memoria, hasta el punto de la ridiculez supina. Esto se ejemplifica con el caso del detenido por error que acaba muriendo y de cuya rectificación burocrática nadie se quiere encargar, porque la burocracia nunca se equivoca. Sin embargo, la necesidad de tener todo en orden es imperiosa y es una prioridad altísima solventar la incosistencia cuanto antes.

Por tanto, podemos decir que, de una forma perversa y retorcida, el Sistema cumple la función de un obrero de la memoria de una forma impecable y correcta, y además se ajusta a las normas que ellos mismos han establecido por lo que a ojos de la mayoría de las personas es una actividad razonable y necesaria para mantener la seguridad. Mediante el uso de elementos surrealistas típicos de la distopía se nos presenta como algo grotesco, pero si eliminamos todo eso nos damos cuenta de que se puede establecer cierta equivalencia entre la perversión en el control del Sistema y nuestro mundo actual. En otras palabras: la enorme facilidad para recoger, almacenar y gestionar información que ofrecen los sistemas digitales ha confirmado lo que se temía gente como los creadores de Brazil: el sistema aprovecha esas herramientas para controlar la información de las personas de una forma muy intrusiva (sirvan como ejemplo las recientes escuchas de EEUU, las medidas aprobadas por el parlamento andaluz para el control de las cuentas bancarias de los ancianos o toda la información nuestra que Google custodia) y no lo han hecho antes simplemente porque no disponían de esas herramientas.

Por tanto, la enseñanza que yo saco de la película es que no solo es importante obtener la información, documentarla y conservarla, si no gestionarla con responsabilidad y ética. Cuanto más fácil sea obtenerla, más poder obtendrá el que la conserve y mayor será su susceptibilidad de gestionarla en su propio beneficio. Y la información es poder, como ya hemos dicho.

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